Querétaro — Enoturismo
Ruta del Queso y el Vino
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El Bajío se volvió tierra de vino: un circuito por viñedos y queserías que ha hecho de Querétaro un destino enológico.
Historia
La vocación vitivinícola de Querétaro despegó en la década de 1970 con la fundación de viñedos pioneros como La Redonda y Freixenet México, que apostaron por producir vinos espumosos de calidad aprovechando el clima y los suelos del Valle de Bernal y de Ezequiel Montes. A la par, familias suizas y francesas trajeron técnicas artesanales que dieron pie a quesos como el gouda y el provolone, consolidando una tradición lechera y quesera en la región.
En 2006 esa oferta se formalizó como la Ruta del Queso y el Vino, articulando más de treinta viñedos y una decena de queserías en municipios como Tequisquiapan, Ezequiel Montes, El Marqués y Colón. La iniciativa convirtió un paisaje semidesértico en uno de los polos enoturísticos más dinámicos del país, donde catas, recorridos por bodegas y degustaciones de queso se combinan con la visita a pueblos y a la Peña de Bernal.

Qué ver y hacer
El circuito se recorre mejor en coche o en un tour organizado, parando en bodegas para catas y recorridos. Freixenet, en Ezequiel Montes, es uno de los emblemas, con una cava subterránea excavada a unos 25 metros de profundidad donde reposan miles de botellas. La Redonda y otros viñedos como Los Rosales completan la experiencia con paseos entre viñas, restaurantes y tiendas. Conviene reservar las catas con antelación, sobre todo en fin de semana.
Más allá del vino, las queserías permiten degustar y comprar productos artesanales, y muchas bodegas ofrecen comida con vista a los viñedos. El plan se enlaza de forma natural con Tequisquiapan y con la Peña de Bernal, que quedan en la misma zona. Por seguridad, designa a un conductor que no beba o contrata transporte; las distancias entre paradas son cortas, pero las catas se acumulan a lo largo del día.

Referencias