Monterrey — Senderismo
Cerro de la Silla
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Antes de ver el centro de Monterrey ya habrás visto su silueta: dos picos curvos que parecen una silla de montar abandonada sobre el horizonte, y que la ciudad entera reconoce como propia.
Historia y símbolo
Pocas ciudades tienen un emblema tan inconfundible. El perfil del Cerro de la Silla, con su hondonada central flanqueada por dos cumbres, recuerda a una silla de montar vista de lado, y de ahí viene su nombre. La montaña se ha vuelto sinónimo de Monterrey: verla a la distancia es, para mucha gente del norte, la señal inequívoca de que va llegando a casa, y su figura se reconoce de inmediato en todo el imaginario regiomontano.
El reconocimiento oficial llegó en 1991, cuando el gobierno mexicano lo declaró monumento natural para protegerlo del crecimiento urbano que lo cerca por todos lados. La medida no fue simbólica: la mancha de Monterrey ha trepado por sus faldas durante décadas, y la silueta familiar que tantos dan por sentada es en realidad un espacio en disputa permanente entre el concreto y la roca.
Hay también un capítulo trágico en su historia reciente. El 2 de junio de 1961 se inauguró un teleférico para subir al cerro, y ese mismo día un accidente que cobró cinco vidas obligó a cerrarlo de manera definitiva. El proyecto que prometía acercar la cumbre a todos quedó abierto y clausurado en una sola jornada.

Geología y naturaleza
Su forma puntiaguda engaña. Aunque a simple vista podría parecer un volcán, el Cerro de la Silla no tiene origen volcánico sino tectónico: forma parte de la Sierra Madre Oriental y se levantó por el plegamiento de la corteza terrestre, no por lava ni erupciones. Su pico más alto, el Pico Norte, alcanza los 1,820 metros sobre el nivel del mar, mientras que el Pico la Virgen, el más bajo de sus cumbres, llega a los 1,750.
El conjunto se reparte entre tres municipios de Nuevo León —Juárez, Guadalupe y Monterrey— y abarca alrededor de 60 kilómetros cuadrados. Pese a estar prácticamente rodeado de ciudad, el monumento conserva una riqueza biológica notable, con más de mil especies de plantas y animales documentadas en sus laderas, un recordatorio de que la montaña sigue viva más allá de su valor como postal.

Cómo visitarlo
Subir al cerro es una caminata exigente más que un paseo. La ruta más conocida hasta la cima recorre unos 5.3 kilómetros y suele tomar alrededor de tres horas de ascenso, con tramos de pendiente fuerte que la hacen difícil para quien no está acostumbrado. La recompensa es una vista panorámica de toda el área metropolitana extendida a tus pies. Conviene madrugar para evitar el calor, llevar agua suficiente, calzado con buen agarre y respeto por un terreno que, por cercano que se vea desde la avenida, sigue siendo monte.

Referencias